El derrame
Corría solitaria, como sin pedirle permiso al tiempo de existir. Allá iba, su cadencia era suculenta ni que decir del olor, al principio inodoro y poco a poco se descomponía, emulaba lo que se decía, las rosas despiden mas aroma cuando están a punto de morir, sí, tal parecía que se despedía del mundo, se desprendía de la carne, de los huesos, de las arterias que la habían tenido atada y circulando en un vaivén. Que diría el corazón cuando no la bebiera, o la mente, sofocada por la inexistencia de ésta. El oxigeno no tenía aire de nuevo y se hundía en la desesperación total. Si allá iba la sangre; sola, amarga, irresistiblemente necesaria, se había despedido de todo, se había abandonado poco a poco. Y todos los órganos se preguntaban ¿Cómo la sangre se podía ir, abandonarlos, salir por una puerta tan pequeña como la que provocaba el filo de una navaja? La sangre brotaba por el cuello, aunque éste se negaba insistentemente a dejarla salir, cedió... la dejo libre, comprendiendo la esclavitud, comprendiendo sobretodo el egoísmo de los demás en tratar de retenerla ahí para siempre hasta que se secará por la edad.
La sangre salía del cuerpo de una modelo de 27 años, pero al final de cuentas ya no importaba su portadora, no importaba si la modelo había sido exitosa o no, por que ahora yacía tendida en aquella alfombra color marfil. La sangre lo sabía, ella no era color preferido de la decoración minimalista del condominio, y a decir verdad el rojo no era un color decorativo, ni clásico, mas bien pasional, carnal y totalmente humano, el rojo había sido el color con el nos cubrimos antes de ser tapados por el manto de algodón, la sangre era vida, y en un momento irónico se había convertido en muerte, en un derrame de ilusiones, de esperanzas.
Teresa 08'



